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Cuando Trackfinite vino a mi mente

Iván Minayo · Cofundador · Producto y tecnología
· 4 min de lectura

Estaba desarrollando la tienda de Fantasmalia y, como desarrollador, le daba vueltas a qué herramientas me ayudarían a entender lo que estaba pasando dentro. Pensé en lo mismo que habría pensado en cualquier otro desarrollo: Elastic, o algo parecido. Pero aquí había algo distinto, y tardé en ver qué era.

Lo entendí comprando pienso para mi gato

Fue en la tienda de siempre, una de las tiendas online de mascotas más conocidas. Tenían login obligatorio y me falló. No sabía si era cosa mía, así que hice lo que hace cualquiera: cambiar la contraseña. El problema llegó cuando introduje la contraseña que acababa de poner y tampoco funcionó. Estaba claro que el fallo no era mío.

Yo era comprador habitual, con un ritual muy simple: una vez al mes, el pienso del gato. Así que cambié de tienda. Compré en otro sitio y, de paso, un poco más barato.

El email que todavía guardo

Al día siguiente me llegó el correo: «Tienes artículos en tu cesta».

Lo guardo como el principio de Trackfinite. Es el email que manda todo el mundo, automático, idéntico para cualquiera que se deje algo a medias. A mí me había ocurrido un error técnico, y ese correo solo decía una cosa:

Lo hemos hecho mal, no lo sabemos, y ni siquiera vamos a pedirte perdón.

Las tres cosas que nunca estaban juntas

Ahí me vinieron a la cabeza los tres factores que hoy están en el centro de Trackfinite:

  • La fricción que genera un error, sea técnico o no.
  • Saber qué pasó y cómo influyó en ese comprador concreto.
  • Cómo actúas ante ese error.

Y entonces me di cuenta de algo: las herramientas de errores que estaba buscando me ayudaban con una de las tres partes. Google Analytics, con otra. Mailchimp, con otra. Ninguna sabía lo que sabían las demás.

Lo que viene

En los siguientes posts contaré cómo se ponen esas herramientas en común. O cómo las poníamos nosotros, hasta que llegó Trackfinite.